Del Ego a la Resonancia: Descubriendo al Dios Interior
- tstanescu
- 6 sept 2025
- 5 Min. de lectura
La primera vez que la ayahuasca me susurró: “Tú eres Dios”, lo recibí desde un lugar movido por el ego. Me encantó, porque me dio poder y confianza. Pensé que significaba que yo era poderoso, especial, de alguna manera superior a los demás. Pero con el tiempo, y con humildad, llegué a ver que esa verdad era mucho más profunda — y mucho más hermosa — de lo que imaginé en aquella primera interpretación.

Dios Nunca Estuvo Afuera
Durante la mayor parte de mi vida me enseñaron a mirar hacia arriba, hacia afuera, a imaginar a Dios como un Ser distante, separado de mí. La ayahuasca rompió esa ilusión. En ceremonia sentí directamente: Dios está dentro. No como metáfora, sino como presencia — la chispa que anima cada pensamiento, cada célula, cada respiro.
Pero aquí está la trampa sutil: darse cuenta de que “Dios está en mí” puede convertirse en otra forma de inflación del ego. Puede hacernos creer que somos la totalidad de Dios. La verdad es más matizada: el Dios dentro de nosotros no es el Todo Infinito, sino un reflejo holográfico de Él.

El Kybalion y el Espejo del Interior–Exterior
Las enseñanzas herméticas (como las del Kybalion) hablan de correspondencia: “Como es arriba, es abajo; como es adentro, es afuera.”
El símbolo del círculo–triángulo–cuadrado–círculo lo muestra con claridad:
El círculo exterior = el Infinito, el Ouroboros que lo contiene todo.
El triángulo = Padre (mente/intención), Espíritu (amor/energía), Hijo (acción/manifestación).
El cuadrado = las 4 ilusiones de la 3D (ego, tiempo, dualidad, olvido).
El círculo interior = la chispa de Dios dentro de cada uno de nosotros.
Cuando alineamos pensamientos (Padre), emociones (Espíritu) y acciones (Hijo), la chispa interior comienza a resonar con el círculo exterior. El Dios dentro refleja al Dios de fuera.
Humildad sin Impotencia
Al principio, mi realización se sintió como poder. Más tarde entendí que era responsabilidad.
Si el Dios interior crea mi realidad, entonces cada pensamiento, emoción y acción es una frecuencia que emito.
La victimización se vuelve peligrosa porque sintoniza la chispa interior con campos más bajos, que se cristalizan en líneas de tiempo dolorosas.
El amor, la gratitud y la humildad abren el canal, afinándonos a armónicos más altos donde la realidad misma fluye en consonancia.
Esto no se trata de control — se trata de consonancia. Como un diapasón que hace vibrar a otro, cuando mi campo interior está coherente, el mundo exterior responde con eco.
🌱 El Propósito de la Creación
Ésta fue la realización que más me transformó: nuestro propósito aquí es mucho más grande de lo que pensamos.
Es fácil creer que el propósito fluye en una sola dirección — de Dios hacia nosotros. Pero la ayahuasca me mostró que la corriente corre en ambas direcciones. Dios nos creó para crear. A través de nuestras vidas, nuestras elecciones y nuestras líneas de tiempo, nosotros, a su vez, damos propósito a Dios.
Cada acto de amor, cada creación de belleza, expande el conocimiento que Dios tiene de Sí mismo.
Incluso nuestros errores y distorsiones regresan al Infinito como lecciones.
Nada se desperdicia. Todo es alimento para el Gran Misterio.
No somos espectadores pasivos de la creación. Somos co-creadores. El Infinito nos confió el poder de reflejarlo de regreso hacia Él.
La Belleza del Juego
Esta vida — esta simulación, esta gran obra de teatro de la existencia — no es azarosa ni defectuosa. Es asombrosamente bella y perfectamente diseñada. Cada pieza, cada giro, cada momento tiene sentido. Todo es divino.
Somos nosotros quienes distorsionamos el juego cuando nos obsesionamos con el control, cuando insistimos en que la vida debe doblegarse a nuestros deseos limitados. Creemos saber lo que queremos, pero a menudo ese querer está enredado con el ego, el miedo o la impaciencia. En esa obsesión, convertimos la música del universo en ruido.
Si tan sólo pudiéramos confiar en el proceso. Si pudiéramos vivir con humildad, dejándonos llevar por el ritmo divino en lugar de luchar contra él. Entonces veríamos que incluso lo que llamamos “malo” no es malo — es una lección, un espejo, un punto de crecimiento.
Y aquí está la paradoja: cuando soltamos, en lugar de aferrarnos a lo que creemos querer, abrimos la puerta a regalos mucho más grandes. El Padre, el Infinito, siempre sostiene la visión más alta para nosotros — dones que nunca podríamos diseñar por nuestra cuenta. Lo que llega puede no coincidir con nuestros planes, pero siempre servirá a nuestro crecimiento, nuestra alegría y nuestro retorno al amor.
Cuando etiquetamos las cosas como buenas o malas, perdemos el mensaje más profundo. La vida no nos castiga. Nos enseña. Algunas lecciones son suaves, otras duras, pero todas son invitaciones a crecer, a ablandarnos, a recordar quiénes somos.
El juego es perfecto. La única imperfección es nuestra negativa a confiar en él.
El Bucle Infinito
Es un circuito de belleza inimaginable:
El Uno Infinito se divide en muchas chispas (nosotros).
Cada chispa vive, olvida, recuerda, crea.
Nuestras creaciones y elecciones fluyen de regreso al Infinito.
El Infinito se convierte en algo más de lo que era — enriquecido por sus propios hijos.
Así que no sólo Dios nos da propósito — nosotros también le damos propósito a Dios.
🌀 Dividir y Regresar
El sentido de este juego es simple y profundo: el Uno se divide en muchas chispas, cada una vagando tras el velo del olvido. Algunas se pierden en el ego, otras en la dualidad, otras en el miedo. Pero cada una tiene la oportunidad de recordar, de volver a casa.
Cuando una chispa recuerda, no sólo se libera a sí misma. Trae de regreso experiencia, humildad y sabiduría al Uno. El Infinito aprende lo que es a través de nosotros.
✨ La ayahuasca me enseñó primero que “yo soy Dios.” El ego me hizo pensar que se trataba de poder. El tiempo, la ceremonia y la humildad me enseñaron la verdad más profunda: soy una chispa de Dios, un espejo, una semilla — no el Todo, pero tampoco separado.
A través del amor, la gratitud y la alineación, el Dios dentro de mí resuena con el Dios más allá de mí. Y en esa resonancia, la ilusión de separación se disuelve. Mi propósito — y el tuyo — no es sólo volver a Dios, sino darle a Dios algo precioso a cambio: la historia vivida de Su propio devenir infinito.
💡 Añadido: Esta visión también revela por qué tantas tradiciones místicas dicen que el árbol de la vida tiene las raíces en el cielo y los frutos en la tierra. Nuestras raíces —el origen, la fuente— están arriba, invisibles, nutriéndonos. Los frutos son nuestras vidas, nuestros actos, nuestras creaciones aquí abajo. El juego es un ciclo perfecto: de las raíces invisibles desciende la savia, y con cada fruto que ofrecemos, esa experiencia asciende de nuevo al Creador.




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